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Ermita de San Benito

Habría que ponderar la relación de D. Mendo de Benavides, benefactor de la localidad, con la devoción a San Benito, todo ello basado en las siguientes razones, que hoy por hoy son meras hipótesis: como es sabido, pertenecía Don Mendo a la familia de los Condes de Santisteban del Puerto, donde nació. Debió, siendo muy joven, concurrir como ingenio a las fiestas que se hicieron en Valladolid, a la recepción de las reliquias de San Benito, en 10 de julio de 1954. Tal vez cuando era Colegial Mayor del de la Santa Cruz de aquélla ciudad donde se licenció en Cánones y fue presidente de aquélla Chancillería.  

No sería aventurado que en base al fervor que procesaba al santo, lo extrapolase a nuestro pueblo, dotándole de los bienes que se describen en el Catastro del Marqués de la Ensenada del año 1752.

Ya en aquéllas fechas y antes se celebraba su fiesta. Asimismo, existe en este Ayuntamiento un mapa del Reino de Jaén, editado en Madrid en 1787 en el que figura "que en un lugar de Castellar, del Condado de Santisteban, se hallan las ermitas de San Benito y Consolación".

Progresivamente, la ermita se fue deteriorando por falta de medios que hacían difícil su mantenimiento y conservación. En el año 1884, una junta de señores de la localidad, en su proyecto de restauración de la Ermita de Nuestra Señora de Consolación, en la base 10ª del mismo, dice que “Teniendo presente que nuestro Patrono, el sabio y piadoso San Benito no tiene ermita, y que la fiesta que todos los años se celebra a nuestra Señora, es el día de San Miguel, en el nuevo templo que se construya, se le harán dos altares en el camarín de la Santísima Virgen, para colocar las referidas imágenes”.

Este proyecto no se llevó a cabo, si bien existen a ambos lados del dicho camarín las imágenes de San Antón, patrón de los animales, y de San Isidro, de los labradores. Actualmente, gracias a las personas que se ilusionaron y volcaron en el mantenimiento de la fábrica y de la Hermandad, es una realidad el antiguo deseo de los castellariegos de hacer de aquéllos parajes un lugar digno y agradable para poder visitar al santo y compartir horas inolvidables de oración y esparcimiento. Su Ermita estaba derruida... y la última procesión fue por el año 1953 y siguió derruida.

Hacia el año 1980, más o menos, Vicente Morcillo y otros que estaban en el club de Fútbol Castellar, sintieron la ilusión de reavivar la llama de nuestro Patrón. Siguieron Alejandro Ropa, Rafael Marín, Benito Escamilla, Pedro Valiente, que, poco a poco, han ido levantando la Ermita de San Benito y la Hermandad, estando a la vista está su resultado.