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Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera

Está situado a un kilómetro y medio de Castellar, sobre una cornisa rocosa en lo que se conoce como los Altos del Sotillo, y es un asentamiento emblemático de la arqueología ibérica; se encuentra así mismo sobre una importante vía de comunicación de la antigüedad: la Vía Heraclea. A sus pies trascurre la carretera conocida como de El Condado que intercomunica varias localidades de esta comarca de la provincia de Jaén.

Está construido sobre una cornisa rocosa, aprovechando 3 cuevas naturales, con hornacinas entre ellas, la mayor, llamada la Caverna del Ídolo, que mide 32 metros cuadrados de superficie. Dentro de este santuario, cabe destacar el núcleo central constituido por la conocida Cueva de la Lobera, así como una serie de cuevas más anexas hasta un total de cinco y que podrían tratarse de viviendas. La Cueva de la Lobera es un abrigo no muy profundo que se hallaba próximo al menos a dos manantiales de agua, la Fuente del Caño y la del Cotillo.

Hoy sabemos, por los trabajos que en los años ochenta desarrollaron allí las universidades de Poitiers y de Jaén, que el acceso a la cueva se hizo por una rampa protegida en el lateral abierto a la ladera por grandes piedras clavadas en el suelo verticalmente. Fue seguramente al alcanzar la parte superior, la cueva, cuando los oferentes echaban los exvotos a ella, sin embargo, el gran número de trabajos y continuados expolios que se han desarrollado delante de ésta hacen imposible decir cómo era en aquel momento. La mayor de las cuevas se llama Caverna del Ídolo, con una explanada artificial delante, de unos 170 metros cuadrados, donde se reunían los fieles adoradores de las divinidades íberas, como la Luna o la diosa de la Fertilidad. A su entrada se encuentra una especie de mesa de piedra.

El santuario también se estructuraría en varias terrazas. La primera de ellas fue destrozada por las excavaciones clandestinas, en cambio, la segunda ha permitido establecer, con claridad, una ocupación comprendida entre los siglos IV – III AC. Un grupo de pequeñas cuevas conforma, al fondo de la primera terraza, la zona más importante del santuario, cuya jerarquización se establecería mediante las citadas terrazas comunicadas entre sí por un sistema de rampas y escaleras monumentales.

Delante de la cueva, en la ladera que se abre hacia el norte, se sabe que existían casas aisladas de planta rectangular y de una o dos habitaciones construidas con zócalo de piedra y pared de adobe o tapial. Delante de cada una de estas casas existía una terraza, construida artificialmente y por uno de sus laterales se accedía a los caminos que ascendían hacia la cueva. La existencia de varias de estas casas hace pensar que el santuario tuvo un carácter muy superior al ámbito local y que seguramente en determinadas épocas del año concentraba en el lugar gentes procedentes de varios oppida ibéricos.

Se trata de un santuario étnico de los oretanos que concentraba allí poblaciones de uno y otro lado de Sierra Morena bajo el control político de un centro como Cástulo. Es conocido que precisamente en esos años finales del siglo IV antes de Cristo, los oretanos que luego se rebelaron contra los cartagineses, estaban construyendo un estado de gran tamaño. Después de las guerras púnicas y guerras lusitanas y al ser tomado el territorio por Roma, el Santuario perdió su pujanza. Entonces, la disposición y los servicios cambió el sitio de ocupación y los edificios se dispusieron sobre la cueva, en el escarpe que se levanta hacia el sur. La pérdida de importancia en la época romana no supuso su abandono

Excavado por primera vez a principios del siglo XX, proporcionó una gran cantidad de exvotos de bronce vinculados a un santuario que debió tener una importancia considerable a partir del siglo IV a.C. Es considerado como uno de los sitios en los que se ha documentado este poblamiento de la Edad del Bronce. Dio lugar con el paso del tiempo al santuario ibérico de la Cueva de la Lobera y de su entorno los Altos del Sotillo o Cotillo. En 1913 cita Sanjuán Moreno que él y Jiménez de Cisneros fueron encargados por la Real Academia de la Historia para que emitieran un informe, que defendió el marqués de Cerralvo, sobre la importancia real de lo que parecía ser un santuario ibérico a juzgar por los hallazgos procedentes de aquel sitio. En 1917 R. Lantier publicó el primer estudio del sitio a partir del análisis de sus exvotos.

Desde entonces hasta hoy los trabajos se han sucedido y puede afirmarse con seguridad que aquel núcleo de la Edad del Bronce que ocupó la cueva y las laderas del lugar después de ser abandonado fue reocupado a finales del siglo IV antes de Cristo como un centro de culto de los íberos oretanos.

En el Santuario Ibérico y en la explanada, al realizar en 1.887 (fecha de su descubrimiento) las obras de la carretera de Navas de San Juan a Sorihuela, aparecieron (según unos autores más de dos mil y según otros más de seis mil) exvotos o estatuillas de bronce entre 5 y 20 cm, que representaban figuras femeninas y masculinas orantes y oferentes, algunos guerreros a pie (nunca a caballo, como en el de Despeñaperros) y animales (perros, peces, faisanes, jabalíes y caballos).

Poco y mal estudiado el yacimiento, debido a la negativa de los antiguos dueños, que estuvieron vendiendo durante años los exvotos en poblaciones cercanas a Castellar, no es objeto de excavaciones arqueológicas hasta 1917 por R. Lantier y J. Cabré, o sea unos treinta años después de su descubrimiento. Tienen que transcurrir otros cincuenta años para que en 1967 y en 1972 Nicolini realice la segunda y la tercera campaña arqueológica.

Los exvotos ibéricos de Castellar

 

Son figuras, unas veces toscas y otras finamente labradas, unas desnudas y otras con túnicas, y constituían las ofrendas a los dioses por parte de los fieles que se acercaban al santuario en señal de agradecimiento y adoración. Los exvotos de Castellar son muchos de bronce, de unas dimensiones que oscilan entre los 2 y 14 centímetros, con representaciones humanas masculinas y femeninas, así como distintas representaciones de partes del cuerpo humano como piernas, manos, etc. e incluso animales domésticos, destacando los caballos, carneros... Se han hallado figuras de un gran trabajo y elaboración con mucho detalle, tanto en el vestido como en los rasgos humanos destacando fundamentalmente lo que sería la cabeza. En la elaboración de estos bronces de más belleza plástica cabe destacar la técnica de la cera perdida donde una figura se trabajaba sobre la cera, que a su vez se recubría de tierra y se calentaba hasta que la cera se derretía y su puesto era ahora ocupado por el bronce que se introducía en este molde por un pequeño orificio, normalmente en la parte baja o lo que serían los pies. Una vez acabada la pieza, ésta se limaba para acabar con cualquier tipo de imperfección en la fundición y a su vez se pulían, y, en muchas ocasiones, dependiendo del trabajo sobre la propia figura de cera, los rasgos faciales o naturales de la figura se trabajaban directamente con un punzón o buril. También existen exvotos de arcilla o piedra. Se clasifican las femeninas en oferentes, en actitud de ofrenda, y en Damas o sacerdotisas, en posición de adorar a la divinidad, estas últimas con trabajadas túnicas y altas cofias. Estarían labradas por artesanos locales y vendidas al pie del Santuario. Actualmente se pueden ver en el Museo Ibérico de Castellar, Museo Monográfico de Cástulo, Museo Arqueológico de Úbeda, Museo Provincial de Jaén, Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Museo Arqueológico de Barcelona, Real Academia de la Historia de Madrid, Museo del Louvre de París, entre otros museos, además de existir piezas en varias colecciones particulares.

Vía Aníbal - Cartaginesa
  • Cueva de la Sima: Conjunto sepulcral del Neolítico, el Argar, la Capilla.
  • Cerro Morongo: Está situado junto al arroyo del Tobazo. También pertenece a la cultura del Argar.
  • Yacimientos del Cortijo de la Capilla: Se encuentran restos de un oppidum íbero, donde se aprecia su urbanismo. Además, son interesantes los restos de los enterramientos que hablan de su cultura funeraria.
  • Vías Augusta y Cartaginesa.
  • Villa romana de El Dorado: En este lugar se encuentra una cisterna circular de unos diez metros de diámetro.
  • Cortijo de la Parrilla, El Ayozar, La Sota: Son también lugares donde existen restos romanos.
  • El Campillo: Aquí se localiza el yacimiento arqueológico romano más significativo. Se aprecian restos del sistema de distribución de aguas y hallazgos funerarios.
Castillo de la Espinosa

El Castillo está a unos cinco kilómetros al Sureste de Castellar, en la Loma de Montesinos, al lado de la Ermita de la Consolación. En este paraje, también llamado Espinosa, se conservan los restos de una torre del homenaje cuadrada de 11,30 metros de lado y unos 4,9 metros de altura, actualmente muy desmochada después de haber servido de cantera de piedra para las construcciones del entorno.

Conocido como Castillo de la Espinosa, nombre de la aldea que existió previa al castillo y del propio paraje donde se encuentra, o de la Consolación por la cercanía a la Ermita de la Consolación, su estilo constructivo repite elementos vistos en otras fortificaciones de la Comarca de El Condado lo que hace suponer su origen almorávide del siglo XIII.

Servía como torre vigía del imponente Castillo de Santisteban del Puerto, que en el siglo XII contaba con el apoyo externo de unas 12 torres. A partir de la conquista de Fernando III el Santo en 1236, el castillo se utiliza como defensa de las nuevas fronteras del reino de Castilla.

A su interior se accede por una puerta de arco apuntado abierto a nivel del suelo, un poco sobrealzado, el cual da a un corto vestíbulo adintelado que desemboca en otro transversal. En este tramo se puede observar en el techo una buhedera o buhera, siendo una de las pocas visibles en castillos españoles. La entrada al recinto se resuelve con un llamativo acodo, elemento defensivo que impedía la entrada frontal de las tropas.

En el muro frontero se abre una ancha saetera que comunica con el aposento bajo de la torre, al que le daría la luz que se filtrase por la entrada, sirviendo, al mismo tiempo, para vigilarla y defenderla.

El pasillo transversal flanquea a la izquierda otra puerta de la que se conservan las quicialeras, y luego asciende una escalera de caracol al piso alto, el tramo de la derecha conduce con un giro de noventa grados al aposento de la planta baja, cuyos vestigios muestran que se cubría con bóveda de media naranja asentada sobre trompas.

Del recinto del castillo no ha quedado nada, aunque por la gran explanada donde se alza, posiblemente, pudo tener un gran patio de armas.

Palacio de los Duques de Medinaceli – Castillo de Pallarés

El Palacio de la Casa Ducal de Medinaceli y el Castillo de Don Men Rodríguez, conocido por Castillo de Pallarés se superpone formando un único conjunto monumental.

La primera constancia fiable de fuentes documentales data de 1.371, año de creación del señorío de Santisteban por Enrique II a favor de Men Rodríguez Biedma, después apellidado Benavides. El señorío comprendía la Villa de Santisteban del Puerto, junto con los lugares de Castellar y las Navas. Posteriormente en 1.473, Enrique IV hizo merced a Sánchez de Benavides y Dávila del título de conde con la misma denominación. Es en esta época cuando se inicia la construcción del recinto amurallado que aún se conserva.

Finalizada la Reconquista Cristiana, el Castillo pierde su función militar. Los Duques de Medinaceli, últimos señores feudales del lugar, conservando en su interior la torre del homenaje del siglo XIV, denominada de Pallarés, y el patio de armas de la antigua fortaleza, levantaron un palacio de buena sillería. En línea con la moda estilística castellana, la portada presenta un robusto arco de medio punto y escudos blasones en la clave saliente y en las enjutas, enmarcado por estilizadas columnillas y flameros.

Su denominación como Palacio de Medinaceli se debe a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando Luis María, Duque de Medinaceli, hijo de Pedro Alcántara y María Javiera de Gonzaga, consiguió el título de Duque de Santisteban por su matrimonio con Joaquina de Benavides, hija de Antonio Benavides y Ana María, hermana de Pedro Alcántara.

A finales del siglo pasado el Palacio se convirtió en Casino Liberal, tras la guerra civil fue sede del Círculo de Labradores y actualmente es la Casa Consistorial de Castellar, restaurada siguiendo las directrices originarias.

En cuanto a la torre homenaje, denominada de Pallarés, de planta cuadrada, consta de dos plantas con diez metros de anchura y quince de altura. De su primera planta cabe destacar su bello arco apuntado, y de su segunda planta, es digna de admirar su cúpula sobre pechinas así como sus infranqueables aspilleras o saeteras. En 1996 fue inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz y desde el año 1998 viene albergando en su interior el Museo Ibérico de Castellar, donde se pueden contemplar algunas de las importantes piezas arqueológicas halladas en la localidad, en su mayoría exvotos de bronce, así como puntas de flecha, hachas o recipientes de cerámica.

Salta a la vista la doble personalidad del conjunto, Castillo y Palacio, Palacio y Castillo, apareciendo superpuestos en uno y otro los conceptos refinado y tosco, civil y militar, rústico y urbano, ingenuo y sofisticado, disputándose ambos, el protagonismo de este singular conglomerado.

Casa de la familia Díez

Se trata de una vivienda-palacio del siglo XVI, de la que destaca su monumental portada plateresca labrada en piedra y rematada por un imponente escudo, con timbre o remate de armadura, rodeado de dos cuernos llenos de flores.

El dintel de la puerta, labrado con motivos vegetales, muestra en su centro dos figuras humanas desnudas y enfrentadas sujetando una especie de cruz adornada con lacerías.

Las pilastras laterales de la puerta tienen sendos ángeles sujetos a un árbol y sobre motivos vegetales.

Museo de Arte Ibérico

Denominado popularmente como Museo del Exvoto, se ubica dentro de una torre de homenaje del siglo XIV conocida como Castillo de Pallarés. Este museo viene funcionando desde el mes de agosto de 1998 y, aunque en un principio comenzó siendo un museo arqueológico con piezas procedentes de los distintos yacimientos de Castellar, actualmente atesora una de las mayores colecciones nacionales de exvotos expuestas al público. Con dos salas de exposición, este centro museístico cuenta con diversos paneles interactivos, así como con proyecciones que hacen más práctica y didáctica la visita al viajero. Está situado en la Plaza de la Constitución, en lo que es el conjunto del Ayuntamiento, concretamente en la Torre Homenaje del Palacio Ducal de Medinaceli.

Fue construido siendo Alcalde D. Antonio Robledo, inaugurado el 5 de Septiembre de 1998 por D. Gaspar Zarrías, Consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía, y financiadas las obras por la Consejería de Obras Públicas, siendo el Consejero Titular D. Francisco Vallejo.

El Museo de Arte Ibérico de Castellar está dedicado a la Historia y arqueología. En la exposición se exhiben restos arqueológicos hallados en el Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera (este santuario, de arqueología ibérica, se excavó por primera vez a principios de siglo y sobresalen sus exvotos de bronce, adquiriendo importancia a partir del siglo IV a C). La colección está constituida en su mayoría por estatuillas votivas de bronce, así como puntas de flecha, hachas o recipientes de cerámica.

El Museo Ibérico va instalado en la Torre Vigía o Torre del Homenaje, situado en el patio del Palacio de Medinaceli.

Sucesivas aportaciones del Museo Arqueológico de Jaén, constituidas por cientos de piezas ibéricas halladas en las Cuevas de la Lobera, se pueden visitar en las dos plantas de la Torre-Vigía.

En la planta sótano, además, se pueden contemplar, gracias al suelo de cristal, la excavación que ha dejado a la vista vasijas y cantaros romanos, junto a un pozo de aguas aluviales.

El atractivo de la visita es grande: contemplar una torre medieval, las maravillosas vistas desde la terraza y ser de los primeros en ver piezas ibéricas; la mayoría por vez primera expuestas al público; encontramos exvotos, hachas, falcatas, cerámica, etc., que se van renovando, estando catalogadas, en total, en más de 4.000 piezas.

En el primer piso o Salón del Reino se visita el resto de piezas, que se encuentras bien iluminadas en vitrinas de metacrilato. Esta sala es de grandes proporciones, llamando la atención la altura de la misma.

Horario de apertura:

  • De lunes a viernes, de 9 a 14 horas.

*Visita de grupos fuera de horario: contactar con Lucas Rubio en el núm. de telf. 953 46 00 05.

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación
  • Historia

La torre, el monumento de mayor antigüedad de la localidad, sirvió de defensa de una primitiva fortificación visigoda y posteriormente árabe, protogótica, iniciada en el Siglo XIV, levantada en el viejo recinto defensivo, aprovechando elementos anteriores como la torre convertida en campanario, pasando tras la reconquista a desempeñar el papel emblemático de torre-campanario de la iglesia erigida entre los siglos XIII-XIV.

  • Descripción y características

La torre se proyecta al exterior mediante un volumen de planta cuadrada adosado a los pies del templo. Este, presenta planta basilical de tres naves separadas por arcos apuntados con óculo sobre sus vértices, apeados en soportes poligonales con capiteles de gran diversidad y riqueza en su labra, de inspiración protorománica. La cubierta de la nave central es plana, formada por jácenas que apean sobre canes. Esta misma cubierta se aprecia en las naves laterales aunque con suave inclinación hacia los muros perimetrales. A la izquierda presenta la adición de dos cuerpos, uno de planta cuadrangular y otro de planta rectangular. En el ala del Evangelio se abren dos capillas-hornacinas, la más próxima a la zona del presbiterio es de planta rectangular y se cubre por bóveda de medio cañón con arcos fajones falsos que apean en ménsulas. Tras un arco apuntado se accede al camarín cubierto por cúpula de media naranja sobre pechinas. El crucero y parte de la sacristía fueron reformados en el XVII.

En 1952 fue rehecha su cubierta, elevándose sus muros unos dos metros. El presbiterio, de testero plano, queda enlazado por la planta basilical a través de tres arcadas, apoyadas en potentes pilares de piedra de sección cuadrada, cuyo vano central ofrece mayor altura y luz que los laterales. Paralela a la zona presbiteral se sitúa la Sacristía cubierta por bóveda de cañón con cuatro lunetos y en la que se conserva el único escudo existente del momento, cuya heráldica refleja las armas del Obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval (1619-1646).

Exteriormente, la iglesia presenta en la fachada principal una portada barroca (labrada a partir del Siglo XVII) con arco de medio punto, moldura abocetada y clave resaltada con acanto. A los lados la flanquean dos columnas exentas sobre plintos ornados por punta de diamante. Se remata por un frontón partido donde sus vértices se coronan por pináculos con bolas. A los pies del templo hay una poterna del primitivo castillo árabe conformada por un marco de medio punto de amplias dovelas, enmarcado por alfiz rectangular.

Fue declarada Bien de Interés Cultural (B.I.C), con la categoría de monumento, por el Decreto 226/1992, de 30 de diciembre de 1992, bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Iglesia Ex-Colegiata de Santiago
  • Historia

Esta sobria construcción de elegantes proporciones, que data de mediados del siglo XVII, fue en su tiempo una de las más importantes de la provincia, está orientada al suroeste y está dividida en dos partes, iglesia y colegio con patio. Su fundación se debe a D. Mendo Benavides, que encargó las obras a Juan y Alonso de Aranda y Salazar en 1642. Fue elevada al rango de colegiata por el Papa Inocencio XII.

Las obras de la Capilla comenzaron en 1642 y finalizaron en 1648. El estilo arquitectónico se ajusta al del siglo XVII y aunque conserva el del Renacimiento, en su fachada principal y en la posterior que da al Claustro, desaparecen las columnas, conservándose contrafuertes formando pilastras con remates esféricos, algunos en cada fachada, desaparecidos concretamente el de la principal, en la Guerra Civil al hacer impacto una de las campanas tiradas desde la torre.

Llama la atención el gran parecido entre esta fachada y la del antiguo colegio de la Santa Cruz de Valladolid, de 1491, del que probablemente cogiera prestado el modelo. Hasta principios del siglo XX el altar mayor era un retablo de estilo Renacimiento italiano del siglo XV que fue sustituido en 1903 por el actual. En la parte posterior de la iglesia se encuentra el colegio, de estilo toscano, con una doble galería de arcos de medio punto que data de 1716.

  • Descripción y características

El conjunto arquitectónico está integrado por dos partes perfectamente diferenciadas: La Iglesia y el Colegio propiamente dicho, el conjunto es de una gran sobriedad y elegantes proporciones.

El templo presenta una sencilla planta de cruz latina de única y ancha nave, con capillas hornacinas, y con presbiterio (con balcones laterales para una participación privilegiada en los actos litúrgicos), sobre gradas y coro en alto, también sobre gradas. Bóveda de medio cañón con arcos fajones de refuerzo y lunetos, mientras que sobre el crucero se dispone una cúpula de media naranja con yeserías sobre pechinas.

Digno es de mención el altar mayor y el coro, así como la sacristía y fachada con contrafuertes en la que resalta sobre la puerta de acceso la pétrea estatua ecuestre de Santiago Apóstol.

En la sacristía, muy cerca del techo existe un friso con dos laterales formado por tres filas de cuadros, en número de 54 que son retratos pintados al óleo de otros tantos Papas.

En una sala anexa a la sacristía se han recopilado en un pequeño museo ornamentos litúrgicos, libros del Registro Parroquial desde su instauración a partir de Trento, actas del cabildo colegial, libros de fábrica y de coro, rituales, objetos de culto y otras curiosidades, que nos hablan del esplendoroso pasado de esta Institución en la localidad. Exteriormente caracteriza al templo un voluminoso cimborrio, una esbelta torre y dos portadas de diseño similar. En la principal figura un relieve de Santiago Matamoros en hornacina coronada con frontón. El patio tiene doble galería de arcos de medio punto sostenidos por columnas de orden toscano.

Fue declarada monumento histórico artístico por el Real Decreto de 16 de marzo de 1983.

Ermita de Nuestra Sra. de Consolación

La Ermita de Ntra. Sra. de Consolación es de pasado medieval, de estilo protogótico, y se encuentra situada en la loma de Montesinos, a unos 4,8 km. del municipio de Castellar.

Su construcción se inició en el siglo XIV, sobre el viejo recinto defensivo del que aprovechó algunos elementos, de la que cabe destacar su magnífica torre, que se encuentra bien conservada, convertida en campanario.

Es una nave única con altar y coro, que ha sufrido diversas reformas, siendo su portada del siglo XVII.

Ya en el Catastro del Marqués de la Ensenada se hace referencia a esta ermita.

Allí en la Ermita de la Consolación se profesa veneración a la patrona de la esta localidad.

Su torre fue declarada monumento de Bien de Interés Cultural el 25 de junio de 1985.

Ermita de San Benito

Habría que ponderar la relación de D. Mendo de Benavides, benefactor de la localidad, con la devoción a San Benito, todo ello basado en las siguientes razones, que hoy por hoy son meras hipótesis: como es sabido, pertenecía Don Mendo a la familia de los Condes de Santisteban del Puerto, donde nació. Debió, siendo muy joven, concurrir como ingenio a las fiestas que se hicieron en Valladolid, a la recepción de las reliquias de San Benito, en 10 de julio de 1954. Tal vez cuando era Colegial Mayor del de la Santa Cruz de aquélla ciudad donde se licenció en Cánones y fue presidente de aquélla Chancillería.  

No sería aventurado que en base al fervor que procesaba al santo, lo extrapolase a nuestro pueblo, dotándole de los bienes que se describen en el Catastro del Marqués de la Ensenada del año 1752.

Ya en aquéllas fechas y antes se celebraba su fiesta. Asimismo, existe en este Ayuntamiento un mapa del Reino de Jaén, editado en Madrid en 1787 en el que figura "que en un lugar de Castellar, del Condado de Santisteban, se hallan las ermitas de San Benito y Consolación".

Progresivamente, la ermita se fue deteriorando por falta de medios que hacían difícil su mantenimiento y conservación. En el año 1884, una junta de señores de la localidad, en su proyecto de restauración de la Ermita de Nuestra Señora de Consolación, en la base 10ª del mismo, dice que “Teniendo presente que nuestro Patrono, el sabio y piadoso San Benito no tiene ermita, y que la fiesta que todos los años se celebra a nuestra Señora, es el día de San Miguel, en el nuevo templo que se construya, se le harán dos altares en el camarín de la Santísima Virgen, para colocar las referidas imágenes”.

Este proyecto no se llevó a cabo, si bien existen a ambos lados del dicho camarín las imágenes de San Antón, patrón de los animales, y de San Isidro, de los labradores. Actualmente, gracias a las personas que se ilusionaron y volcaron en el mantenimiento de la fábrica y de la Hermandad, es una realidad el antiguo deseo de los castellariegos de hacer de aquéllos parajes un lugar digno y agradable para poder visitar al santo y compartir horas inolvidables de oración y esparcimiento. Su Ermita estaba derruida... y la última procesión fue por el año 1953 y siguió derruida.

Hacia el año 1980, más o menos, Vicente Morcillo y otros que estaban en el club de Fútbol Castellar, sintieron la ilusión de reavivar la llama de nuestro Patrón. Siguieron Alejandro Ropa, Rafael Marín, Benito Escamilla, Pedro Valiente, que, poco a poco, han ido levantando la Ermita de San Benito y la Hermandad, estando a la vista está su resultado.

Otros monumentos de Castellar

Se conservan edificios privados que merecen atención como el del número 4 de la Calle Espiga, del siglo XVIII, con portada adintelada, friso con triglifos y rosetas, pilastras almohadilladas, balcón con forja, y alero de teja y ladrillo.

En arquitectura contemporánea, de un nivel discreto, habría que citar las obras públicas como la plaza de toros, ubicada sobre un espacio triangular.

La vivienda privada sita en la Calle Mesones, 40, con arco escarzano en la puerta, es representativa de la tradición vernácula. Se conservan asimismo muestras escultóricas del restaurador y escultor de la localidad Constantino Unguetti.

En el parque de la Glorieta podemos encontrar una bella escultura sobre piedra caliza, El niño de la Fuente, realizada en el año 1960 por el genial escultor y restaurador Constantino Unghetti Álamo, nacido en Castellar en 1923.

Finalmente, en la C/ La Feria, nº 1, planta 1ª, en los bajos de la Casa de la Cultura, está ubicada la Biblioteca Pública Municipal Miguel Hernández, que fue inaugurada en 1987 por el Sr. Alcalde D. Antonio Robledo Morales acompañado de diversas autoridades de Jaén.

Consta de las siguientes dependencias:

  • Sala General, que está dividida en una zona infantil y otra para adultos, diferenciadas por tener mesas y sillas diferentes.
  • Despacho del bibliotecario.

La Biblioteca empezó con “sólo” 800 libros, hoy día tiene unos 8.130 títulos y unos 9.770 volúmenes. Además, la Biblioteca ofrece un servicio de Internet gratuito para el público.